الأحد، 24 أكتوبر، 2010

Discurso íntegro de Amin Maalouf, Príncipe de Asturias de las Letras 2010

Discurso íntegro de Amin Maalouf, Príncipe de Asturias de las Letras 2010

22-10-2010

El escritor libanés ha comenzado evocando "la diversidad" social, que, a su juicio, "no es ni una bendición ni una maldición", sino "una realidad".

"Lo que importa no es saber si podremos vivir juntos pese a las diferencias de color, de lengua o de creencias -ha señalado-; lo que importa es saber cómo vivir juntos, cómo convertir nuestra diversidad en provecho y no en calamidad".

La cultura y las humanidades para entendernos mejor

La propuesta de Maalouf para lograrlo es "una labor prolongada de educación cívica", que es una "tarea prioritaria de quienes pertenecen al ámbito de la cultura".

Este papel de la cultura, ha señalado con pesimismo -o con realismo- el Príncipe de Asturias de las Letras, es "aún más crucial en épocas descarriadas", como la nuestra.

"Si nos descuidamos -ha señalado-, este siglo recién empezado será un siglo de retroceso ético". Los abundantes "síntomas" serían que "se recrudecen las afirmaciones identitarias", a veces con violencia y "retrógradas", ha considerado el escritor libanés, "se debilita la solidaridad (...), pierde fuelle el sueño europeo; se erosionan los valores democráticos; se recurre con excesiva frecuencia a las operaciones militares y a los estados de excepción..." (22/10/10)


El vídeo del discurso


Fuente: El País. JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 09/06/2010

El premio Príncipe de Asturias de las Letras ha recaído este año en un autor incómodo, en alguien que va por libre. Nació en Beirut en 1949 pero vive en París desde 1975. Escribe en francés -ganó el prestigioso Goncourt en 1993 con La roca de Tanios- pero la mayoría de sus libros hablan del mundo árabe. En un tiempo en el que a los escritores se les pide fidelidad sin fisuras a una causa o a una nación por el simple hecho de haber nacido a un lado de la frontera que ellos no han elegido, Maalouf es un hombre de matices que cree que la universalidad de los valores no es incompatible con la diversidad de las culturas.

Lo dijo la última vez que estuvo en España, el año pasado, presentando su ensayo “El desajuste del mundo”, cuyo subtítulo es bien contundente: “Cuando nuestras civilizaciones se agotan”. Y dice “nuestras” porque en sus últimos libros el escritor beirutí aplica su espíritu crítico tanto al mundo occidental como al árabe. Si el primero se empeña en exportar la democracia a sangre y fuego, el segundo “vive un déficit de legitimidad política”. Ni una cosa ni la otra se arreglan, suele decir el escritor, con fotos y apretones de manos para la galería.

Amin Maalouf, que fue todo lo claro que se puede ser con las tentaciones de lo absoluto en “Identidades asesinas”, rastreó sus fuentes familiares en “Orígenes”. “Pertenezco a una tribu que, desde siempre, vive como nómada en un desierto del tamaño del mundo”, se lee allí. “Nuestros países son oasis de los que nos vamos cuando se seca el manantial; nuestras casas son tiendas vestidas de piedra; nuestras nacionalidades dependen de fechas y de barcos. Lo único que nos vincula, por encima de las generaciones, por encima de los mares, por encima de la Babel de las lenguas, es el murmullo de un apellido”.

Autor de ensayos como los citados o “Las cruzadas vistas por los árabes”, Maalouf, que trabajó como enviado especial en Asia y África, vivió su gran momento de gloria con la aparición en 1986 de la novela “León el Africano”, basada en la vida de Hasan Bin Muhammed, un intelectual árabe originario de la Granada cristianizada por los Reyes Católicos que terminaría dando con sus huesos en Fez. La editorial española del nuevo Príncipe de Asturias de las Letras es Alianza y entre sus traductores se cuenta María Teresa Gallego Urrutia, Premio Nacional de Traducción al conjunto de una obra. Malouf es una rara avis, pero ya lo advertía él mismo en su León: “El Paraíso es de los extraños”.


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